22 de enero de 2013

El placer del frío nocturno

Franc3s + Esquimales en Nasti (19.01.13)

Llovía. Hacía mucho frío. Ciclogénesis, dijo algún loco. Mal tiempo, dijo otro. Perfecto, dijo un iluso. Y yo me convertí en ilusa durante unas horas. En la sala Nasti, bajo el hielo, los Esquimales y Franc3s tocaban en un mismo escenario. 

Esquimales son esa humedad del frío que se te queda metida entre los huesos. Son solo dos, Adri y Fer. Empezaron con Piedras , éramos cada vez más en la sala, poco a poco iba llegando gente. Siguieron con Todos venimos del punk , que como ellos apuntaron, es nuestro origen, y el suyo también, aunque ahora quede un poco lejos esa ruidosa No pares nunca de correr , presente en alguna demo perdida de su ya imparable proyección musical. Su sonido ahora es increíblemente delicado, cada punteo de Fer es como una vuelta de tuerca a los mejores Ride de ningún sitio, de esa Dreams Burn Down . Cada palabra de Adri retumba en tu cabeza, siempre entre ruido, con una suave agresividad difícil de conseguir, y letras de cadáver exquisito. De insectos y nocturnidad. Esquimales suenan a ellos mismos. Tocaron canciones nuevas como Tinito, Viejo enfadado en parque con pistola, Pintalabios y cronómetro. Cerraron su repertorio con agradecimientos a todo y a todos, y con su tema incluido en el recopilatorio de La Fonoteca, de Madrid está helado , Ataque de risa nocturno

Patricia Bermúdez, María Costa y Alberto Martínez (Franc3s)
El listón estaba ya muy alto. Y ahora llegaron Franc3s . Tres. Venían a presentarnos su nuevo disco, Campanas de fuego rosa (Limbo Starr, 2012), y cómo no, no podían faltar temas de su anterior homónimo, editado por Los Enanos Gigantes en 2011. Abanderados del Galician Bizarre junto a otros grupos como Triángulo de Amor Bizarro , nos trajeron esa fuerza de sintetizador –qué pena que no hubiera estado más alto el volumen- con batería pesada y retorcida, aderezado con esa voz desgastada, que casi deprecaba. Su repertorio estaba lleno de esa melancolía de luces de neón y cuero negro de los ochenta, con canciones como Absolutamente modernas , la decadente Nosotras tenemos fe en el veneno y la irreverente Me gustaría verte sangrar . Pusieron punto y final a la noche entre un extenso pasaje de ruido, distorsión y frecuencias que se encogían y se expandían. Alberto entró en enajenación sonora, hizo todo tipo de maniobras en los amplis, para que nos invadiera el ruido, dejó la guitarra clavada encima de uno de ellos, y se fue. Ellas, hicieron lo mismo. Nos quedamos con el pitido en los oídos y frente a nosotros, como un espectro, y una sensación de haber visto algo muy grande. 

El placer del frío nocturno muchas veces viene gracias a noches como esta.

Texto y fotografía de Paula Fernández

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